Muchas veces me he preguntado sobre mis propias elecciones, inclusive sobre elecciones ajenas. Quién no le ha dicho a un compañero de la carrera de medicina que se impresiona con la sangre, que revise su vocación antes de seguir la carrera, o a un relacionista público que le teme a enfrentarse cara a cara a un auditorio, que sin ir mas lejos durante la carrera no es, ni mas ni menos que sus propios compañeros. Mi mamá es psicóloga, y una mujer sumamente inteligente, ella se permitió conocerse y descubrió que su ámbito de desempeño, en el que quería desarrollarse no era solo el consultorio atendiendo pacientes. Abrió el abanico, no le temió a la búsqueda ni sintió que fuera un fracaso la elección, buscó otros horizontes y encontró nuevos rumbos que le dieron el poder de encontrar matices de su propia profesión. No descartó ninguna posibilidad, sumó. Los profesionales de relaciones públicas podemos tener preferencias sobre públicos, rubros, y acciones, pero eso no quita que el resto sea de nuestra competencia, y que limitar el rubro por ejemplo nos implica una renuncia, y una renuncia es algo menos para ganar. Es en definitiva una postura ante la vida, ser proactivos, interesarnos en lo desconocido, investigar. Buscar el talento, no es simplemente descubrir lo que hacemos bien y hacerlo, es trabajar para concretar una potencialidad, cómo podemos hacerlo si nos negamos a descubrirla. No se trata de equivocarse, es revelar que vamos conociendo el camino a medida que caminamos, que a veces retroceder es avanzar y no solo ir hacia adelante sino que recorriendo el camino que elegimos, cuando lo hacemos con convicción, encontramos desafíos que lejos de asustarnos nos abre puertas y lo mas importante… la cabeza. Se trata simplemente de encontrar el ámbito en el que nos sentimos mas cómodos, con mas posibilidades, en el que podemos expandirnos y nadar como peces en el agua, sin descartar otros lagos, ni siquiera el océano por mas majestuoso e infinito que se nos presente.
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